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23 de septiembre, Día Internacional contra la Explotación Sexual y la Trata de Personas
Descripción

23 de septiembre, Día Internacional contra la Explotación Sexual y la Trata de Personas

 

El Día Internacional contra la Explotación Sexual y el Tráfico de Mujeres, Niñas y Niños que se celebra cada 23 de septiembre fue instaurado por la Conferencia Mundial de la Coalición Contra el Tráfico de Personas en coordinación con la Conferencia de Mujeres que tuvo lugar en Dhaka, Bangladesh, en enero de 1999, para celebrar una fecha argentina: la del 23 de setiembre de 1913 día en el que fue promulgada la ley 9.143; la primera norma legal en el mundo contra la prostitución infantil.

 

 

El principio establecido en el artículo 4 de la Declaración de los Derechos Humanos en 1948 dice: “nadie podrá ser objeto de esclavitud o servidumbre; la esclavitud y el comercio para la esclavitud están prohibidos en cualquiera de sus formas”. Pero este tipo de esclavitud no ha desaparecido.

 

En la actualidad, en el mundo, por ejemplo, se trafica cada año con miles de personas para extraerles órganos y comercializar con ellos. Lejos de disminuir, se trata de una lacra que va en auge: existen niños y niñas soldado que son obligados a tomar un fusil, y personas con discapacidad explotadas en la mendicidad, al tiempo que aumenta la trata de mujeres forzadas a ejercer la prostitución. No podemos olvidar y pasar por alto otras los matrimonios forzados, la explotación laboral…

 

La explotación sexual es una de las formas más graves de esclavitud del siglo XXI y España es uno de los primeros países de Europa consumidor de sexo y prostitución. Según la Organización Internacional de Trabajo (año 2016) hay 21 millones de personas víctimas del trabajo forzoso en el mundo. Casi 5 millones de ellas, víctimas de trata con fines de explotación sexual. La trata de seres humanos es la expresión cruel y moderna de la esclavitud y una de las peores violaciones posibles de los derechos humanos. Por otra parte, los ingentes beneficios generados por estas actividades se blanquean en paraísos fiscales; operando con el beneplácito de la comunidad internacional.

 

La violencia contra las mujeres y las niñas es, probablemente, la violación de los derechos humanos más habitual, y que afecta a un mayor número de personas. En el caso de la trata, a la desigualdad entre hombres y mujeres, hay que sumar las situaciones de pobreza, e incluso de conflicto que atraviesan los países de origen de las víctimas.

El fenómeno migratorio en Europa genera, también, situaciones de alta vulnerabilidad, sobre todo en mujeres y niñas. La falta de protección en materia de derechos humanos que padecen las personas en situación de movilidad contribuye a que se acentúe el abuso de poder y las agresiones sexuales, que deja a las víctimas totalmente desamparadas ante la justicia internacional y europea.

Detrás de la ropa que llevamos, o la fruta o verdura que comemos, puede haber sufrimiento de personas que, víctimas de la cultura del descarte a la que alude el papa Francisco, son explotadas por interés económico; personas consideradas como mercancía, como instrumento de enriquecimiento.

 

En territorio de guerra, lo más peligroso no es ser soldado, sino ser mujer. En diversas ocasiones se ha observado como el cuerpo de las mujeres se convierte en campo de batalla, utilizado por todos los actores del conflicto. Según las estadísticas de Naciones Unidas, un tercio de las víctimas de trata, son niños y niñas: en el mundo hay dos millones de niños y niñas objetos de explotación sexual. Como ha exclamado el Papa Francisco, “son niños, no esclavos” y, como infancia vulnerable, estos niños y niñas tienen derecho a ¡tener derechos! La adopción de medidas en favor de todos ellos no puede esperar más. No podemos crear un mundo de diferentes velocidades y después simplemente paliar el sufrimiento de las personas en nuestros recursos de atención, cuando ese sufrimiento podría haber sido evitado.

 

Como cristianas/os, denunciamos las políticas que aumentan la vulnerabilidad de las personas y el riesgo de ser sometidas a trata, especialmente los/as niños y niñas menores de edad y que se encuentran en procesos migratorios. La sociedad civil y las administraciones públicas debemos de sumar esfuerzos para erradicar esta lacra social, protegiendo a las víctimas y persiguiendo a aquellas personas y organizaciones criminales que se enriquecen a costa de las víctimas. La comunidad cristiana no debe ni puede cerrar los ojos ante ésta forma tan grave de moderna esclavitud: “¿Dónde está tu hermano? ¿Dónde está tu hermano esclavo?” (Gen 4,9)

 

 

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