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BEGOÑA DEL TESO: Antes del cierre, adiós a las penas
BEGOÑA DEL TESO: Antes del cierre, adiós a las penas
KITZIN BEGOÑA DEL TESO

Kitzin, nuestra tienda de Comercio Justo situada en el corazón, el meollo, el cogollo de la auténtica Parte Vieja donostiarra, en  un cruce maravilloso entre las calles Narrika ( la de la pastelería Otaegui, los sombreros Leclerq y el bar de los bocadillos imposibles), San Vicente ( la de los herreros, y las terrazas pegadas al atrio de la iglesia) y Juan de Bilbao (dicha también Ikatza porque era la de los carboneros y ahora es la de los jóvenes, las birras y las banderas reivindicativas), CIERRA,

No, todavía no. El verano lo pasaremos juntos. Y nos despediremos cuando acabe septiembre y ya sea otoño. ¿Motivos de la despedida? El menos malo, que durante 25 años se ha forjado en la ciudad y alrededores, la conciencia de que un mundo mejor donde quien se toma  un buen café o paladea un chocolate de verdad sabe que quien sembró las plantas cobró lo justo, lo honrado y fue tratado como un productor, una productora de esos y esas sin quienes el mundo sabría, olería y marcharía peor.

Cerramos Kitzin. La gente, nuestros mejores amigos (todos vosotros), están haciendo acopio de arroces, azúcares, granos, semillas, cafés, licores. Se acaban las existencias. Aún quedan las mejores hierbas, los licores más extraños ( ¡ese orujo de cacao!), las tentaciones conventuales más deliciosamente extravagantes (esos increíbles bizcochos secos llamados mostachones). Aún os podemos ofrecer cosmética africana y sedas orientales. Aún portales de Belén palestinos, chocolates turolenses (queda(b)n dos tabletas), algunas bolsas de unos snacks indefiniblemente buenos llamados Le Locas, fabricados en esa región de Italia altamente sorprendente, Bolzano. Le Locas  son por ejemplo, triangulitos de arroz ricos ricos y sanos sanos.

Pero sobre todo, sobre todo, sobre todo todavía hay un puñado de criaturas de tela, cartón y alambre que os aliviarán la tristeza del cierre de Kitzin. Son los y las Quitapenas, famosísimas, legendarias, amadas  muñequitas (y muñequitos) de Guatemala. Allá, en su país y en los  de los alrededores  se sabe (no es creencia, no es superchería, no es cuento sino  ancestral sabiduría popular) que esos seis diminutos seres de estopa logran lo que su nombre indica de manera más limpia, sana y mágica que cualquier depresor químico del sistema nervioso central. Por eso  se llaman como se llaman, Quitapenas.

Se prescriben en un saquito de lana. Son  seis. Uno para cada día de la semana. Al irte a acostar coges uno y le cuentas lo que tu día tuvo de malo. O de menos bueno. Él, ella, te escucha. Sabe hacerlo. Se hace cargo de tus preocupaciones. Limpia tu alma de nubarrones. Dormirás bien., ya verás.  Cada día habla con un muñequito. Si has sido feliz, cuéntaselo también.  A veces la excitación, o la ilusión  no te dejan dormir. El domingo no hables con ninguno. Ellas y ellos también tienen derecho a descansar. Y necesitan limpiarse de todo aquello con lo que tú les cargaste.

Antes de que Kitzin cierre, ven y llévate tus quitapenas guatemaltecos. Corre,  ya están bajo las almohadas de otros muchos de nuestros amigos.

 

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