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DE LA HUERTA A "BRUSELAS"
DE LA HUERTA A "BRUSELAS"
BARATZA SOLIDARIOAK

Aterrizó hace dos años en Gipuzkoa. Llegó directamente de su país. Martina es una de las participantes de la huerta de Altza (San Sebastián) de CARITAS GIPUZKOA.

“De la parroquia de Martutene” recuerda, “derivaron mi nombre para participar en la huerta. Posteriormente, me entrevisté con Xabier, el coordinador, y él me explicó en qué consistía el proyecto, qué se quería lograr…”. La primera reunión la celebramos en la capilla de Altza y visitaron la parcela: “Luego vino el compromiso para sacarla adelante”.

Nacida al sur de Colombia, aunque vivía en un entorno urbano, el hábitat rural no le era desconocido. Martina recuerda perfectamente sus primeros pasos en la huerta. “Cuando empecé en el proyecto, no tenía ni idea de cómo utilizar los aperos de labranza y la maquinaría me producía mucho respeto. Actualmente manejo la desbrozadora, etc. Lo aprendí poco a poco y ahora es algo normal” señala sonriendo.

“Acudo tres días a la semana a la huerta, y para mí, el entorno, es como una terapia. Llegar con una mochila cargada en tu vida y encontrarte con personas de diversas nacionalidades, procedencias y costumbres, poder integrarse y sacar un proyecto adelante, llena todas las expectativas” remarca. Ver el camino realizado con las personas que iniciaron el proyecto y hasta donde han llegado “¡te llena!”, relata con orgullo Martina.

En febrero el proyecto cumple un año. “La huerta me ha ayudado a crecer como persona, ha potenciado en mí el gusto, ese sabor por la vida, que estaba ahí, pero que yo no le mostraba atención”. Se siente muy agradecida por lo aprendido y lo que está socialmente viviendo. “La huerta me aporta, entre otras cosas, tranquilidad, seguridad, compañía…”.

Subraya que en el proyecto “todas las personas participantes, hacemos de todo”. Trabajan codo con codo con el voluntariado. “Les estoy muy agradecida”, señala. “Los componentes de la huerta, somos una gran familia”.

El trabajo da sus frutos y naturalmente la tierra también. Consumir lo que se ha producido en la huerta entre todas/os, es una alegría añadida para Martina. “Comer algo que tu trabajaste, es decir, comerte una ensalada, unas verduritas… es algo indescriptible”.

Algunas hortalizas de aquí y su elaboración son diferentes con respecto al de su país de origen, “pero no me ha costado mucho adaptarse”. Por cierto, a Martina, las coles de Bruselas, que antes de empezar en la huerta no las conocía, le encantan.

 

 

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