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1 de Octubre, Día Internacional de las Personas Mayores
1 de Octubre, Día Internacional de las Personas Mayores
Dos personas mayores sonriendo

“Debemos preocuparnos un poquito más de cómo está la gente de nuestro alrededor”.

 

José Ignacio del Pozo Chico (San Sebastián, 1964) lleva 24 años vinculado a la Fundación Hurkoa. La entidad, sin ánimo de lucro, fue creada por iniciativa de Cáritas Diocesana de San Sebastián a comienzos de la década de los noventa.

 

Hurkoa atiende, tutela y defiende los derechos de personas mayores o con enfermedad mental en situación de fragilidad, dependencia o desprotección.

Apoyándonos en su gran experiencia, hemos abordado diversas situaciones de fragilidad a las que tienen que hacer frente las personas mayores.

¿Qué es eso de hacerse mayor? ¿En qué consiste?

Indudablemente, en cumplir años, pero sobre todo en empezar a tener dificultades para llevar la vida anterior. Es decir, la necesidad del apoyo por parte de otras personas para la vida cotidiana.

Y todas y todos ¿envejecemos igual?

¡No! ¡Qué va! Hay una gran diferencia teniendo en cuenta la calidad de vida de cada una de las personas. Por un lado, la medicina ha avanzado muchísimo y eso ha facilitado que vivamos más años. En este sentido, en la ‘pirámide de la vida de Gipuzkoa’, por ejemplo, las personas mayores ya representan el 25% de la población. Eso es mucha gente mayor.

Objetivamente, vivimos más años, pero no supone que vivamos bien. Podemos hacerlo con mejor calidad de vida, pero en un momento concreto, aparecen la fragilidad y la dependencia. Es decir, no estamos hablando de la misma calidad de vida en todas las personas mayores.

Conocemos personas de 80 años, qué con algunos apoyos puntuales, disfrutan una vida totalmente autónoma. Existen también, otras/os, que con 65 años arrastran una vida muy complicada.

Y eso se da, por ejemplo, ¿por el estado de salud de la pareja?

Sí. Uno de los motivos puede ser la dependencia con la que llega una persona a la vejez, o por la que padece su pareja, o un familiar cercano. Esa es la demostración de que todas las personas no envejecemos igual.

¿En qué se encuentra inmerso Hurkoa en la actualidad?

Contamos con tres programas relacionadas con las personas mayores. Por un lado, la ‘provisión de medidas de apoyo’. Es decir, lo que antes era la tutela. Cuando una persona ya no es capaz cognitivamente de regir su vida, su persona, su patrimonio, su medicación, su alimentación… En ese momento, por vía judicial, se designa a una persona para que le represente. En un principio, es para lo que nació la fundación Hurkoa.

Más allá de la tutela, contáis también con un centro de día en la avenida Navarra de San Sebastián.

Efectivamente. Es un centro que desde hace más de 20 años lo gestiona Hurkoa y está dirigido a personas mayores dependientes, pero que todavía tienen movilidad y capacidad para acudir al centro. Todos viven en su domicilio, con apoyos de familiares o de auxiliares, y se acercan al citado centro donde se trabaja la psicoestimulación, etc.

Un programa, impulsado desde algunos años y el más novedoso, es el de gente mayor que tiene algunas pequeñas fragilidades.

Así es. Estas personas, con pequeños apoyos, viven en su domicilio. Hay que recordar que más del 80% de personas mayores manifiestan que quiere seguir viviendo en su casa. No quiere acudir a un centro residencial. De este modo, con pequeños apoyos, puede seguir haciendo su vida, mejorando la calidad y sobre todo la atención.

Defíneme en el mismo pack, ‘fragilidad, barrio y vecindad’.

Hurkoa está abordando la fragilidad desde un punto social. Existen personas bien atendidas desde un punto de vista sanitario, pero que están solas, o no tienen acompañamiento… Necesitan ayuda para hacer gestiones administrativas o bancarias.

Necesitan un apoyo.

Sí. En el ámbito de la fragilidad, estamos trabajando también el aspecto comunitario. Recuerdo de niño, que la puerta de casa de mis padres solamente se cerraba por la noche. A lo largo del día solía estar abierta porque una vecina ayudaba a otra, etc. Eso no se va a volver a dar, pero sí que queremos conseguir que la comunidad vecinal, el barrio, esté lo más cerca posible de las personas mayores. Que tenga las ‘antenas puestas’.

¿Y eso?

Para qué, por ejemplo, de la mano de un acuerdo con el colegio de farmacéuticos, las farmacias sean detectoras de situaciones de riesgo y a la vez el servicio que ofrecen sea de mayor calidad hacia las personas de la tercera edad.

¿Y cómo se hace eso?

Acudiendo a los domicilios para observar el botiquín de casa y ver si tiene productos caducados, como llevan la medicación... La tienda del barrio también puede hacer una labor parecida. Crear un ambiente de comunidad para que tengamos más ‘antenas puestas’ y nos apoyemos los unos a los otros.

Estáis impulsando también actividades intergeneracionales.

Así es. Personas que, por ejemplo, hacen ganchillo, les enseñan cómo lo hacen a personas algo más jóvenes, pero todos del mismo entorno. De tal manera que nos vayamos conociendo, ver qué dificultades tenemos y en que nos podemos apoyar.

Tras la pandemia se está hablando mucho de la brecha digital. Las personas mayores la están padeciendo.

Indudablemente. Para personas de cierta edad, les es difícil, por su fragilidad o vulnerabilidad, el acceso a mundo digital. La banca, por ejemplo, les ha dado un portazo y las ha dejado fuera. Ahí hay una verdadera dificultad. En la banca está desapareciendo la persona gestora y están emergido los comerciales.

No es el único ámbito.

En Osakidetza, para coger una cita tienes que llamar o hacerlo vía on line. Lo mismo para ver tu carpeta sanitaria. No le estamos facilitando a la gente mayor la realización de estas funciones.

¿Con el entorno familiar se están cubriendo esas carencias?

No todo el mundo tiene entorno familiar. Debemos hacer un esfuerzo para buscar herramientas sencillas a las personas mayores, para que puedan desenvolver en el mundo digital.

¿Cuál es la mejor herramienta para combatir la fragilidad de las personas mayores?

Indudablemente ¡el acompañamiento! Si lográramos en un barrio, que la vecina del cuarto piso que está sola, alguien, de vez en cuando le visitara, le ayudara hacer las compras… estaríamos creando una red de protección de personas frágiles.

Por lo tanto, necesitamos ‘atalayas sociales’ o ‘observadoras/es’ para percibir esas situaciones y poderlas combatir.

Sí. Tenemos que ser ‘antenas’, porque no es nada sencillo entrar en el hogar de otra persona sin invadir su intimidad. Pero si hay un vecino que hace unos días que no le veo, no cuesta nada tocarle el timbre y preguntarle como le va. Y si nos percatamos de algo más delicado, buscamos ayuda para esa persona a través de un familiar, alguna persona más cercana, o si fuera necesario, llamamos a los servicios sociales para que se ponga en marcha todo el mecanismo de apoyo. Debemos preocuparnos un poquito más de cómo está la gente de nuestro alrededor.

La soledad es una fragilidad más.

Es la más delicada de todas. Una persona puede padecer varias fragilidades y hasta ser gran dependiente, pero si cuenta con un entorno que le protege, que le ayuda, que le apoya… es una gran ventaja.

El problema radica en las personas que están solas. Hemos comprobado que en la medida que una persona vuelve un poco a la red social del que se había apartado por diferentes motivos, tomar café, salir a pasear… con los amigos, etc. es una poderosa arma para combatir la fragilidad y la soledad.

 

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