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Bloque 3 - Ficha 12

Ficha 12 – Comunidad que participa y se compromete

(Bloque Comunidad – La participación como signo de fraternidad)

Para qué sirve esta ficha

Para subrayar que la comunidad solo existe plenamente cuando sus miembros participan y se comprometen en el bien común, convirtiéndose en signo visible de fraternidad activa.

Ideas clave

La participación es una expresión esencial de la dignidad humana y un deber de toda persona en la construcción del bien común: “Todos han de cumplir conscientemente este deber, con responsabilidad y con vistas al bien común” (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, n.º 189).

Desarrollo

Participación que humaniza

La participación no es un trámite ni un privilegio reservado a unas pocas personas: es la manera concreta en la que cada una expresa su voz, comparte sus dones y se hace corresponsable de la vida común.

Cuando se abre la posibilidad de participar, se devuelve dignidad y protagonismo. Cuando se cierra, se multiplica el silencio de quienes ya estaban marginados.

Adela Cortina (2010) recuerda que la participación es una dimensión ineludible de la ciudadanía ética: solo cuando todas las personas pueden implicarse en las decisiones que les afectan, la democracia y la justicia se hacen reales. Participar, por tanto, es un modo de reconocer la igualdad moral y de cultivar la responsabilidad compartida.

En Caritas, hablar de participación comunitaria significa abrir procesos donde todas las voces —también las más frágiles— cuentan. No se trata solo de consultar, sino de compartir decisiones, responsabilidades y horizontes. Una comunidad participativa no se conforma con escuchar: se deja transformar por la palabra de cada persona.

Compromiso con el bien común

La participación madura desemboca en compromiso. Una comunidad viva no se limita a organizar actividades internas, sino que se implica en la transformación del barrio, de la ciudad y del mundo.

Como subraya Fernando Vidal (2021), el compromiso comunitario nace del reconocimiento de la interdependencia: cuidar lo común es un acto político que rehace el tejido social desde abajo. El bien común no se administra, se construye cada día con prácticas que vinculan justicia, ternura y corresponsabilidad.

Este compromiso tiene siempre una dimensión pública: se manifiesta en la acción cívica, en la denuncia profética y en la construcción de alternativas. La comunidad cristiana, inspirada en el Evangelio, está llamada a hacer visible un amor que se convierte en justicia, una fraternidad que transforma las estructuras.

Desafíos para Caritas

El Modelo de Acción Social encuentra aquí un reto decisivo: ¿cómo hacer de cada comunidad un espacio de participación real y de compromiso transformador?

Esto exige procesos que:

Una espiritualidad comunitaria

Participar y comprometerse no es solo estrategia social: es una experiencia espiritual. El Espíritu habita en el pueblo que discierne y actúa, en las comunidades concretas que se dejan mover por el amor y la justicia.

Cuando cada persona aporta lo que es y lo que tiene, la comunidad se convierte en signo del Reino y en anticipo de un mundo donde todas las personas cuentan y participan.

Para reflexionar

La cita

«Ustedes son la sal de la tierra y la luz del mundo» (Mt 5, 13–14).