22 de agosto, Día Internacional de Conmemoración de las Víctimas de Actos de Violencia Motivados por la Religión o las Creencias
Caritas Gipuzkoa apoya el refuerzo de la seguridad del centro de acogida de las Hermanas Mercedarias en Cabo Delgado, Mozambique.
Desde 2017, la provincia de Cabo Delgado, en el norte de Mozambique, vive una prolongada crisis marcada por la actuación de grupos armados, los ataques contra la población civil y los desplazamientos forzosos. La violencia persiste a pesar de las operaciones de las fuerzas de seguridad y continúa extendiendo el miedo entre las comunidades. Solo durante julio de 2025, más de 56.000 personas tuvieron que abandonar sus hogares como consecuencia de nuevos ataques y enfrentamientos.
La población civil soporta el peso más doloroso de este conflicto. Miles de personas han perdido la vida y cientos de miles han tenido que desplazarse en busca de protección. También han sido atacadas viviendas, escuelas, lugares de culto e infraestructuras pertenecientes a diferentes comunidades religiosas.
En este contexto desarrolla su labor la misión de las Hermanas Mercedarias del Santísimo Sacramento en Pemba. Allí, las religiosas mantienen un centro de acogida en el que viven alrededor de treinta niñas y jóvenes que han atravesado situaciones especialmente difíciles: la pérdida violenta de familiares, el abandono, el desplazamiento o distintas formas de violencia y explotación.
Un asalto que cambió la vida cotidiana
El 8 de junio de 2025, un grupo de hombres armados irrumpió violentamente en la misión. Las religiosas fueron retenidas, amenazadas y despojadas de sus pertenencias. Aunque finalmente ninguna de ellas ni de las niñas acogidas sufrió daños físicos, el ataque dejó una profunda sensación de inseguridad y mostró la vulnerabilidad del centro.
Tras lo ocurrido, las Hermanas Mercedarias solicitaron colaboración para reforzar la protección del recinto. El proyecto contempla la instalación de rejas en las ventanas, la mejora del cerramiento perimetral y la colocación de cámaras de vigilancia.
No se trata únicamente de proteger unas instalaciones. Se trata de preservar un hogar.
Un espacio en el que niñas y jóvenes que ya han conocido demasiado pronto la violencia puedan continuar creciendo, estudiando y reconstruyendo sus vidas con seguridad.
Proteger la libertad, cuidar la vida
Cada 22 de agosto, Naciones Unidas recuerda a las víctimas de actos de violencia motivados por la religión o las creencias. Esta jornada condena tanto los ataques contra las personas como los dirigidos contra sus hogares, propiedades, escuelas y lugares de culto. La propia ONU advierte, además, de que el terrorismo y el extremismo violento no deben asociarse con ninguna religión, nacionalidad o comunidad.
El apoyo a la misión de Pemba concreta esta defensa de la dignidad y de los derechos humanos. Responde también al modelo de cooperación fraterna de Caritas: acompañar a las organizaciones locales, situarse junto a quienes sufren una mayor vulnerabilidad y respaldar intervenciones que mejoren de manera efectiva la vida de las personas y de las comunidades. El Modelo de Cooperación Fraterna de Caritas sitúa precisamente el acompañamiento, la participación y el protagonismo local como elementos centrales de su forma de entender la cooperación.
Reforzar la seguridad del centro significa algo muy sencillo y, al mismo tiempo, esencial: que el miedo no vuelva a atravesar la puerta de este hogar.