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CONECTA: DERRIBA MUROS Y FRONTERAS
CONECTA: DERRIBA MUROS Y FRONTERAS
Conecta y derriba muros

Comenzamos un nuevo curso. El cansancio económico y emocional de la pandemia añadida a la incredulidad por la guerra de Ucrania, la profunda crisis energética y climática que estamos viviendo, generan en la sociedad una gran incertidumbre y desconfianza que en ocasiones se convierte en miedo. ¿Cómo seguir siendo luz en esta nueva oscuridad, cómo renovar la esperanza ante este desasosiego? ¿Cómo ser buena noticia y generar confianza, tan necesarias, para pelear por una sociedad más justa?

Todas las personas que conformamos Caritas, tenemos el reto de contribuir a tejer verdaderas comunidades de acogida en medio de esa incertidumbre; espacios de serenidad y lucidez para compartir la vida y en coherencia con el Evangelio. Estamos llamados y llamadas, por lo tanto, a soñar con una sociedad más solidaria y justa que sepa caminar con las personas más pobres velando por su dignidad y sus derechos. 

Sin embargo, no en pocas ocasiones, estamos tan urgidos por las necesidades inmediatas, por las urgencias, que tenemos el riesgo de perder el sentido de la acción con la que estamos comprometidos. Y es que en la acción caritativa y social no se puede funcionar solo con luces cortas que únicamente nos permiten ver bien lo inmediato que llevamos entre manos. Necesitamos luces largas para descubrir los desafíos que nos plantea el Evangelio, y la misma realidad social, que nos permiten transitar nuevos caminos y trabajar con un horizonte humanizador.

También le pasa a Jesus. Hubo un momento en que se da cuenta de que la gente no entiende el sentido de lo que les ofrece y propone: Él, que tomó clara conciencia en el desierto de que no solo de pan vive el ser humano, sino de Palabra, de comunicación, de relación, de comunión con los otros y con Dios, descubre que la gente solo lo busca porque les da de comer… Él, que no quiso ser un mago que utiliza el poder de Dios para solucionar los problemas, sino que quiso promover el compromiso personal y colectivo para que todos asumieran su responsabilidad y se sintieran protagonistas,  ve que lo que muchos buscan es que las soluciones vengan de arriba… 

Y Jesús entró en crisis, dicen los biblistas. Se dijo: este no es el camino. Y paró en la misión. Paró y se retiró a la montaña para envuelto en la presencia de Dios —la nube— y acompañado de la memoria de dos grandes luchadores por la liberación de los oprimidos —Moisés y Elías—, recuperar el horizonte y el sentido de su misión y compromiso.

Conecta. En medio de las tinieblas, sé luz. “El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande”. ( Is 9,2)


En todas las ciudades y pueblos, vemos cómo la pobreza se va colando en las economías familiares de una forma alarmante. Las oportunidades laborales se hacen cada día más escasas y precarias, el cansancio y la falta de horizontes generan un clima de desesperanza y agotamiento que van debilitando las relaciones sociales y hacen emerger una sociedad más desvinculada e inhóspita.


Seguimos transitando tiempos difíciles, tiempos de crisis que nos hacen aferrarnos al presente, a lo inmediato, a lo que pensamos nos da seguridad, porque cualquier perspectiva de futuro se nubla de incertidumbre. 


Conectar con el tiempo que vivimos, subir a la montaña, tomar perspectiva a la luz de nuestra identidad, esa identidad que nace del Espíritu del Padre, para descubrir el horizonte de nuestro ser y hacer. 


Derriba muros. “Cuida tu corazón porque en él están las fuentes de la vida”; el sentido, el principio y el fin. Proverbios 4, 23


Estamos ante un punto de inflexión, un camino de no retorno que nos exige afrontar este tiempo de desolación con mayor creatividad, y siempre, con otras personas, grupos y entidades. Salir y Trabajar en red es la única salida posible.


El reto de salir de nosotros y nosotras mismas, de enfrentarnos a los miedos y salir al encuentro. Salir de los despachos, encontrarnos con los y las vecinas. No podemos negar nuestros sentimientos de impotencia, y desbordamiento, de miedo y fragilidad, que nos hacen sentir huérfanos y huérfanas de sueños y de destino, que alimentan las sombras de nuestro rechazo y nuestra exclusión a las personas más pobres. 


Nos toca cargar con la realidad, pero también dejarnos cargar por ella, hacerla nuestra, y para ello necesitamos cuidar el corazón y volver a la esencia que somos, vida recibida y regalada, y encontrarnos con la esencia de cada persona con la que vamos tejiendo las relaciones sociales, el trabajo, los proyectos. 


Derriba fronteras. “Mira, estoy de pie a la puerta y llamo. Si alguien escucha mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo” (Ap. 3,20).


La persona extranjera, la que viene de otro lugar, de otras costumbres, de otros lenguajes, siempre es sospechosa. Ni siquiera hace falta que sea de otro país. La que está un poco más allá de nuestro pequeño mundo, de nuestras fronteras mentales y territoriales, ya es extraña, diferente y, de entrada, le miramos de lejos, con recelo. Con estas credenciales, Jesús sitúa al extranjero en un lugar nuevo.


El relato evangélico del buen samaritano pone en cuestión la credibilidad de “los respetables” de su tiempo: un sacerdote y un levita, personajes de conducta ejemplar y con una misión reconocida en la sociedad. Sin embargo, Jesús da un lugar de poder y reconocimiento a un extraño sin nombre: un samaritano que se conmueve por el dolor de alguien desconocido, y esto le convierte en protagonista y en ejemplo a seguir. Nos jugamos mucho en estos momentos. Nos jugamos el amor. 


Vivir comprometidos desde el amor y con el amor nos lleva a bajarnos de nuestras prisas y de nuestra efectividad, dejar de mirar para otro lado y enfocar nuestra vida más allá de nuestros intereses. Es la única forma que tenemos para superar el miedo al fracaso, al conflicto, a la monotonía o a la inercia, y nos invita a situarnos en la fidelidad en el permanecer aquí, en cada presente, en el estoy a tu lado, aunque no me veas, no quieras o no puedas verme. 
Nuestro compromiso como creyentes, como comunidad cristiana, como Cáritas, no puede dejar espacio a la tibieza ni al conformismo. Debe procurar que la verdad de Jesús se abra espacio en los lugares comunes de la vida cotidiana para que las corrientes de solidaridad y justicia fluyan y se puedan encauzar en favor de quienes más lo necesitan. 

Conecta:  Mira a las demás personas y al mundo con ternura y creatividad. No cierres ni desvíes los ojos ante ninguna realidad por dolorosa, incómoda o desagradable que sea.


Derriba muros: Pon los cinco sentidos en nuestras relaciones con el mundo y con el prójimo y no pierdas la esperanza, aunque flaquee.

Derriba fronteras: No te encierres detrás de la indiferencia o dureza. Ante tanto dolor, ante tanta herida, la única salida es ser como el buen samaritano. Cualquier otra opción termina o bien al lado de los salteadores o bien al lado de los que pasan de largo, sin compadecerse del dolor del hombre herido del camino.
 


 

 

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