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"EL SER HUMANO DEBE DE SENTIR VERGÜENZA AL OBSERVAR QUE LAS VIDAS DE ALGUNAS PERSONAS NO VALEN NADA"
"EL SER HUMANO DEBE DE SENTIR VERGÜENZA AL OBSERVAR QUE LAS VIDAS DE ALGUNAS PERSONAS NO VALEN NADA"
ABDOULAYE GUEYE. Foto: José Ignacio Lobo

20 de junio, Día Mundial de las personas Refugiadas. ¿Un día más del calendario o…?
Un día tan importante nos invita a la reflexión. No viene mal recordar las diferentes realidades de las personas refugiadas. La pandemia ha agudizado otros problemas: personas que no han podido desplazarse, cierre de fronteras… En el Día Mundial de las personas Refugiadas, nos paramos, pensamos y reflexionamos sobre esta realidad.

 

Pandemia y refugio ¿una delicada combinación?
Es el peor cóctel. El cierre de fronteras imposibilita cualquier movimiento de las personas que necesiten refugio; el miedo a la enfermedad –contagio– tiene más repercusión que la protección de las personas reclamando refugio.

Las puertas de los países, de las ciudades… han estado cerradas. Todo esto está dificulta más aún la salida de personas hacia otros destinos. El refugio no es solamente salir de su país, es también poder solicitar la entrada. Las oficinas han estado cerradas, muchos trámites han sido telemáticos… Eso significa que, por ejemplo, habiendo un retraso de un año de las peticiones de citas, la pandemia ha agudizado esa realidad: los plazos, se han retrasado aún más. Hemos vivido un contexto impensable.

 

Si hablamos de situaciones colaterales de la pandemia, las palabras más repetidas han sido: ansiedad, nerviosismo, indefensión... Para una persona que se encuentra en un proceso de petición de refugio, esas palabras son ¿aún más delicadas?
Efectivamente. Llueve sobre mojado. Lo que les empuja a salir de su país a las personas, es una situación de riesgo para su integridad personal. Lo que ha traído de por sí la pandemia –el miedo a la enfermedad, al contagio…– ha acentuado la situación de angustia en las personas que añoran refugio.

Tener que abandonar tu zona de seguridad, los tuyos e ir a otro país, eso, ya de por sí es un gran trauma. Añadirle a todo ello situaciones psicológicas, afectivas… es un escenario de una mala película de ciencia ficción. 

 

¿Cuál es la situación actual de las personas que piden refugio?
Desde el confinamiento hasta ahora, ha entrado menos gente, pero el contexto no ha mejorado debido a existencia de un atasco administrativo de las personas que anteriormente lo habían solicitado.
    
Hay que señalar que ha habido acciones que se han realizado con corrección. A las personas que tenían una autorización, se la han prorrogado; a las/os que tenían una cita, las han podido cambiar… Afortunadamente, han sido bastante ágiles a la hora gestionar ciertas situaciones que anteriormente ya estaban en marcha. 

No nos consta que haya aumentado la demanda, es verdad que cuando se abran las fronteras y viendo lo que está sucediendo en el mundo, el panorama puede que cambie radicalmente. Pero el sistema no está preparado para absorber más; al menos no hay voluntad política para ello.

 

El reconocimiento oficial de refugio a una persona ¿es la culminación de una larga maratón?
En ese tema, España, ha sido de los peores países. El porcentaje de solicitud que acepta se ubica entre el 2 y el 5%. En la argumentación estamos observando que muchos países que sufren de violencia social –maras…–, es decir, que no proviene del Estado, el gobierno español ha encontrado un argumento para denegar varias peticiones de refugio. Se basa en que la situación de violencia de por sí, no es la situación prevista para la protección internacional. 

Es decir, si tu país no puede protegerte de los tuyos, no es un tema de asilo o refugio. ¡Increíble! Ese discurso es un embudo. Se cierra la puerta a muchísima gente. A algunas/os, las sentencias sobre arraigo laboral les permitirán un cierto desahogo, pero no deja de ser un parche.

 

Las razones de los desplazamientos forzosos son, diversos. Por ejemplo, el cambio climático. ¿Somos conscientes de esta realidad?
Este tipo de desplazamientos están al orden del día. El germen de la crisis de los cayucos, por ejemplo, procede de una realidad relacionada con la sostenibilidad. Los pecadores de las costas de Senegal, Mauritania, Guinea-Bissau … realizaban una pesca artesanal. Los gobiernos de esos países firmaron acuerdos de pesca con la Unión Europea, Japón, China… Y éstos, han arrasado con toda la pesca.

Los pescadores locales instalaron motores más potentes a sus cayucos para llegar a zonas pesqueras más lejanas para seguir con su profesión. A base de alejarse más y más, llegaron a las costas española, y se dieron cuenta que el trayecto no era tan lejano. Ahí nació la crisis de los cayucos. 

¿La raíz? El modo de explotación de recursos del mar no es sostenible. Si no hay margen para un paro biológico, las especies no se reproducen a tiempo, hay menos pescado y no hay sustento para las familias. Ante esa situación, los pescadores vieron que les era más rentable utilizar los cayucos para transportar a la gente.

En relación, al cambio climático, si ponemos la mirada en el sureste asiático, los desplazamientos de gente a raíz de las inundaciones, etc. es una realidad. El cambio climático está aquí y está condicionando nuestras vidas.

 

3 de octubre de 2013. En Lampedusa, en referencia al naufragio de una embarcación con 500 inmigrantes, el Papa manifestó, “Sólo me viene la palabra vergüenza, es una vergüenza”. 
El ser humano debe de sentir vergüenza al observar que las vidas de algunas personas no valen nada. Hemos presenciado episodios de países de la Unión Europea que han tenido comportamientos inaceptables con personas refugiadas. Es un drama que países pongan medios para que las personas no puedan transitar.

 

¿Debemos pasar de la palabra a los hechos?
Hemos visto los diferentes episodios de las situaciones que han padecido las/os refugiadas/os sirias/os dentro de Europa. Hay que recordar el acuerdo que la Unión Europea firmó con Turquía, u otros, como los establecidos con facciones militares de Libia con el objetivo de que hicieran de tapón en el Mediterráneo. Se nos ha olvidado que es la vergüenza.

Ante este tipo de situaciones, la ciudadanía debe de empoderarse. Tiene que poner límites. Si hacemos zapping cada vez que aparezca en la televisión una situación relacionada con las personas refugiadas, no habrá respuesta social. Ser conscientes de lo que sucede nos debe de impulsar a ser más proactivas/os: "¡Debo de hacer algo ya!". 

 

¿Existe cierta indiferencia en la ciudadanía respecto al tema de las personas refugiadas?
Socialmente está aceptado que "algo hay que hacer" por las personas refugiadas. Lo que sucede es que debemos de pasar de la queja ante una noticia de la televisión sobre esta problemática, a la acción. En todos los aspectos. Eso tiene que ver con la educación, con la cultura política y democrática... 

Contamos con ciudadanas/os capaces de pensar, de decidir, de activarse por causas nobles... Aunque la Iglesia, las ONGs, etc. han dado pasos importantes, creo que no hemos hecho lo suficiente. 

Debemos ser una voz que repita un lema, qué en cualquier ocasión, sea prioritario. Si no se actúa correctamente, la actual situación producirá escenarios delicados de convivencia; la persona que quiere venir tomará cualquier camino o solución para llegar. Y esa realidad, si no está bien canalizado, acarreará problemas. El silencio de la gente de bien hace que las situaciones se vuelvan insostenibles. Y ese, es el principio del fin. 

 

Foto: José Ignacio Lobo.
 

 

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